ColumnistasGustavo Álvarez Gardeazábal

Prohibido soñar despierto

Crónica de Gardeazabal # 130

Si algo de muchísimo valor hemos perdido los seres humanos durante este año de encierros y tapabocas, muertos sin velorio y funerales sin deudos, es el deterioro de la capacidad de soñar despiertos. Ha sido sobre esa habilidad del ser humano de poderse imaginar lo que está por venir o  preparar   la realidad futura en donde hemos cimentado a lo largo de la historia de la humanidad el emprendimiento, palabra ahora tan de moda.

La capacidad que tenemos de proyectar lo que soñamos despiertos ha estallado en mil pedazos por culpa de esta pandemia de la que todavía no sabemos su verdadero origen y apenas están clasificando su evolución y comportamiento. Y han estallado nuestros sueños porque si bien todos creemos que después que nos vacunemos habrá disminuido casi que totalmente el peligro de ir a parar ahogado, o intubado como se dice ahora, en una UCI, nadie nos garantiza que el efecto de la vacuna sea perenne o que los diversas mutaciones que está sufriendo el virus aquí y   allá, no vayan a convertirse en defensas blindadas y por ende inabordables. De nada nos sirve que nos dominen los algoritmos si los científicos ni las  poderosísimas farmacéuticas  han sido capaces( o no han querido o no les dejan )  encontrar el medicamento  que  haga con el maldito bicho lo que hizo la penicilina con las infecciones a  mediados del siglo pasado.

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Nos hemos dejado convencer de carreritas en que la vacuna será la salvación de nuestras vidas, pero allá, en lo recóndito de todos los seres humanos, hay una vocecita que nos dice que no debemos planificar el futuro sobre esa base tan endeble. Lo grave empero no es la angustia que finalmente se podrá volver a apoderar de nosotros cuando veamos que nuestra ilusión de salir avantes fue eso: una mera ilusión. Lo grave es que la capacidad de crear, de inventar, de cabalgar en los vericuetos del arte, pero sobre todo de salir adelante, va íntimamente ligada a la posibilidad de poder soñar despiertos y aunque no nos lo han prohibido hasta ahora, nuestro cerebro nos cohíbe de hacerlo para no frustrarnos totalmente. En otras palabras, nos estamos autoinutilizando para no seguir fracasando.

Gustavo Álvarez Gardeazábal

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