ColumnistasNelson Germán Sánchez

Pura humareda con el ELN

Óptica periodística Nelson Germán Sánchez Pérez –Gersan-

No lo creo. Me refiero al anuncio del Gobierno nacional en cabeza del presidente Iván Duque y su nuevo Consejero para la Paz, Juan Camilo Retrepo Gómez, sobre las aproximaciones para entablar un diálogo de paz con la guerrilla del ELN. No creo que se pase más allá de la búsqueda de titulares de prensa.

Y no lo enfatizo únicamente por esa guerrilla –a la cual no me interesa ni quiero defender- si no por el Ejecutivo nacional y sus reales intenciones.  A todas luces esto se ve y luce como una cortina de humo más para tratar de desviar la atención frente a la protesta social, a un mal gobierno y las impopulares decisiones adoptadas. Hacen tal anuncio mientras señalan a quienes están en las calles como simples anarquistas que solo buscan dañar a Colombia e interrumpir las magníficas políticas sociales, de bienestar y de riqueza, en la cual llevan empeñados a fondo en los últimos tres años. O si no, miremos las cifras de billonarias ganancias de bancos, sector financiero y multinacionales extractivistas que podrían dar fe de esa ardua tarea presidencial en su favor.

Los acercamientos con el ELN comenzaron por decisión del ex presidente Álvaro Uribe Vélez, y recordemos que su actitud impositiva de no consultar a quienes están en funciones legales y constitucionales en ejercicio de servicio público, sino saltarlos u obviarlos por considerarlos simples lacayos en puestos, fue lo que ocasionó la salida del anterior Consejero Presidencial, Miguel Ceballos, quien fue el primero en sorprenderse por los supuestos acercamientos exploratorios ordenados por el jefe del uribismo.

Reitero que no creo nada de esto ni que llevará a nada nuevo, porque todo parece indicar que se trata de una simple jugada con tinte político-electoral pensando desde ya en el año 2022 (elección de Congreso y de Presidente de la República), para ir incluyendo el tema de la paz o del fin del conflicto armado en la agenda de la opinión.

Ese es un juego peligroso porque es una doble apuesta. En primer lugar, un intento de lavado de imagen pública gobiernista y en segundo una encerrona a la propia guerrilla del ELN en la esfera mediática, pues el Gobierno alargara tanto y a su conveniencia tales aproximaciones, que a esta no le quedará más remedio que retirarse de cualquier mesa montada, por simple empantanamiento inoficioso; con lo cual el uribismo cobrará por derecha con informaciones parciales, falsas o amañadas frente a que no entienden tal actitud contra el pueblo colombiano y su anhelo de paz, pues fue el propio Gobierno el primero en actuar como convocante para buscar un acuerdo. Claro, el ELN no perderá ni ganará, pero si habrá servido como vitrina temática en plena campaña electoral o en los albores de la misma. 

En serio, a quién en este país, con un poco de amor propio y por el prójimo, con dos dedos de frente y las entendederas medianamente despejadas, no le serviría que se llegue a un acuerdo de paz con esa guerrilla. Serían menos colombianos armados causando lo que causan las armas; menos combustible al fuego interno y más posibilidades de buscar arreglar inequidades y encontrar puntos de vista comunes como sociedad, y desde la democracia, siempre en el marco de las instituciones y contribuyendo de paso a mejorarlas. 

Pero no nos llamemos a engaños ni romanticemos este anuncio que será un nuevo fracaso. La comandancia de esa guerrilla no debe tener muchas ganas de llegar a ningún acuerdo con un Gobierno que ya tiene el Sol a las espaldas -y lo está insolando mucho, casi achicharrando, diría yo-; y que, además, a todas luces ha hecho los mayores esfuerzos por encima y por debajo del atril para torpedear la implementación plena del Acuerdo de Paz logrado con la entonces guerrilla de la FARC –hoy partido de los comunes- con el Gobierno Santos. Así como para que no se conozca la verdad histórica frente a la relación de políticos, empresarios, miembros de las FFMM e instituciones con el paramilitarismo y el narcotráfico, todo lo cual no les debe dar ni la más mínima confianza para tomarse en serio esas “pre-conversaciones”.  

En resumen, estos anuncios con el ELN no son más que un humero al chasqueo de la hojarasca encendida, como dicen en el ardiente llano tolimense. 

 

    

 

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