ColumnistasNelson Germán Sánchez

Sitico andresito el estresado

Óptica periodística Nelson Germán Sánchez Pérez –Gersan-

Decía el “tonto” caliyo: “siticos”, “siticos”, mientras sacudía sus pies descalzos uno contra el otro limpiando tierra y piedritas sentado en la barbacoa del solar, en un tono mordaz y de consideración frente a mis primos, hermanos y yo, porque nos había tocado sacar algunos baldados de gua del aljibe, traer unos racimos de la platanera, barrer la hojarasca del jardín de la abuela Lola, ayudar a abrir el broche para que pasaran el ganado, corretear las gallinas hasta el galpón, recoger algunos tamarindos, bajar manotadas de mamoncillos y trepar al viejo árbol de ciruelas para tomar las más maduras. O sea, un durísimo y estresante trabajo de campo en pleno verano, de unos nietos citadinos que estábamos de vacaciones en la finca del Guamo. 

No se quejaba él -seguramente pensaba en silencio- que tenía que conseguir su sustento diario empujando una carretilla a pie limpio, llevando bultos de abono y cuanta cosa de finca en finca por las ardientes y polvorientas trochas entre Guamo y San Luis. Él, que comenzaba su día antes de despuntar el Sol y la acababa cerca de las 5 de la tarde, cuando religiosamente pasaba a la finca de mis abuelos a tomar cafecito con bizcochos y un vaso de agua para humedecer el “guagüero que estaba seco”- decía con voz áspera-. Un ritual casi diario luego una jornada de ardua con su carretilla o de un jornal agotador en algún cultivo de algodón o ajonjolí bajo el ardiente Sol del llanto tolimense, como dice la canción. 

Imagino que por eso al ver como ese grupo de insolados, recalentados y quejambrosos jóvenes vacacionistas exhibían una que otra ampolla, una picadura de un insecto o la ropa con alguna machita de suciedad exclamaba su “siticos”, mucho trabajo, mucho esfuerzo y mucho estrés, mientras espantaba los jejenes con su enorme y desgastado sombrero de pindo.

Esta semana con la noticia de las vacaciones en París que tomó por estrés andresito el niño alcalde quejambroso que tenemos en Ibagué, me acordé de Caliyo y su sitico.  

Claro, recordemos que el nivel de resistencia y exigencia para el trabajo de andresito es más bien bajito y poquito, pues ya se había ido de vacaciones en diciembre pasado, hace apenas nueve meses, seguramente por ese mismo cansancio y estresado, dado ese pletórico trabajo con tan buenos resultados, éxitos y enorme gestión positiva lo que de seguro le ocasionó un ataque de ansiedad extremo y se fue de parranda, bebeta y pachanga al Eje Cafetero en pleno cierre del año 2020, mientras la pandemia hacia sus mayores estragos quebrando a comerciantes, trabajadores y profesionales independientes, cuando familias enteras aguantaban hambre en plena Navidad, la ciudad también estaba en emergencia invernal con barrios inundados como la semana anterior, sin servicio de acueducto ni energía eléctrica y colapsada. 

Además estresado de liderar esa “magnífica” administración local que arroja en Ibagué altos índices de desempleo, la desocupación juvenil volando, la delincuencia desbordada,  los semáforos sin servir, calles llenas de huecos y un escándalo por posible corrupción en la contratación cada semana por  sobrecostos de obras, contratos chaleco y posibles direccionamientos hacia el Clan Char, entre otros. Pues seguramente algo de estrés debe causarle eso.

Además, es cierto que el estrés no solo tiene manifestaciones físicas en el cuerpo humano si no psicológicas, según la Federación Médica Colombiana y la Organización Mundial de la Salud, por lo cual el estresado andresito vive tan desconectado de la realidad de la capital tolimense, gobierna para una ciudad de hierro llena de algodones de azúcar, manzanas acarameladas, luces multicolores y carruseles. Para los Valentines, mejor dicho.

Hay que entender que se estrese y se canse tanto, porque cualquiera imaginará que estar permanente urdiendo como huir de las responsabilidades ante la justicia -caso piques-, no darle la cara y ver qué vericuetos legales pero inmorales existen para burlarse de ella y no asumir los probables delitos y faltas, pues algo de calma deben quitar. Por ello, entiendo a andresito el viajero y no a quienes se indignan y critican que vaya a desestresarse por semejantes logros, triunfos y buen ejemplo. ¡Envidiosos! Y como diría Caliyo: sitico andresito.            

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