La innovación no es una opción es una obligación

Solo en el momento en que esta sociedad entienda y por ende exija a la clase política -y lo vuelva cotidiano en el hacer de cada una de las empresas del sector privado-, podremos tener la posibilidad cierta de salir adelante. Como dijo Enrico Moretti en su libro THE NEW GEOGRAPHY OF JOBS, “el desarrollo se está dando no por países sino por ciudades y se diferencian las que adoptan modelos de innovación y talento y las que no”.
Esta sola idea nos motiva, no solo a escribir esta columna, sino a requerir, a exigir a voz en cuello que todos los que aún viven allá en ese terruño y los que por diversos motivos tuvimos que dejarlo nos enrutemos, nos pongamos de acuerdo en que ya no vale la pena seguir esta tortuosa senda de odios, de maquiavélicos planes para denigrar del otro, del divide y vencerás.
No podemos seguir alcahueteando que unas pocas familias hayan podido con varias generaciones de ilustres ibaguereños, que nos hayan postrado, que nos haya engañado tan hábilmente; que pasen más de 40 años y sigamos entretenidos con el payaso que coloquen como Gobernador, Alcalde de Ibagué, representante o senador, cuando la realidad detrás de ese trono es la misma: quedarse con el poder y la plata de los presupuestos públicos. En próximas columnas espero poder discernir sobre este aspecto, vamos a analizar la Ibagué de los últimos 15 o 20 años y demostraremos con lujo de detalles quienes han sido los verdaderos responsables del debacle, para decir con voz airada “basta ya”. ¿o para cuándo dejaremos? Es hora de retomar el rumbo. O es que vamos a permitir que esa famosa y renovada idea de repartir lo ajeno (socialismo siglo XXI) y enriquecer mis arcas familiares a lo capitalista colombiano ¿va a triunfar? O es que no es claro que son los mismos con otra cobija. Creo que nos llegó la hora de decir ¡¡¡BASTA!!!! Fuera los mismos apellidos de los cargos públicos. No más robo.
Pero me desvíe de la idea original. Esa idea que plasmó con tanta precisión Enrico Moretti, donde no deja alternativa ni a los amigos del sector público ni a los del sector privado, es la hora de la innovación, esa ya es una imposición de los mercados, tal cual lo dice y se evidencia, las ciudades que innovaron son las que están creciendo y desarrollándose y nos está dejando el tren; nada más evidente ni necesario ni imprescindible que crecer en medio de la innovación, ese es el nuevo mandato y la nueva regla empresarial y social.
Leer ejemplos como Ruta N en Medellín, que se enclavo en una de las comunas más difíciles y se propuso llevar empresas, tecnología, empleo, convocando a salir adelante en medio de la dificultad social en ese sector. Hoy en día Medellín se da el lujo de tener empresas haciendo cola para asentarse en su territorio, claramente le aposto a la innovación, al mercadeo de su potencial y ya puede decir con orgullo que ha generado a través de ruta N más de 18.000 empleos directos y que está planeando su ciudad desde la tecnología y el emprendimiento, con el convencimiento y la seguridad jurídica de lo que lo hará; así como una extraordinaria articulación y sentido de pertenencia aunados con la disciplina y perseverancia de un sector público armonizado con un sector empresarial abierto y pujante. Encontró que esa es la ruta hacia la prosperidad con justicia social. Enseña con hechos como esa sociedad entiende que a las 4 de la tarde del día de elecciones se conoce un ganador y al día siguiente todos rodean a quien resulte vencedor, pues los siguientes 4 años todos trabajaran por su región, por su crecimiento y solo en el tercer año volverán a pensar en quien pueda ser ese que independientemente de su orientación política continúe por la senda de éxito que se han trazado, con el convencimiento de que cualquiera que sea, le dará énfasis a algún programa sobre otro, pero de ninguna forma pondrá en riesgo ese sendero de prosperidad que los reúne y les preocupa por encima de las diferencias ideológicas.
Será que esa verdad de a puño pude ser un primer derrotero para que enderecemos el rumbo de Ibagué y, por primera vez, emprendamos un camino de reconciliación con la ciudad; un camino de prosperidad, de desarrollo empresarial que aproveche ese viejo cuento ya de abuelos que a pesar de ser cierto de nada nos ha servido, de que somos el centro de Colombia. Que proponga desde la óptica de la innovación, que considere de forma seria como puede llegar a ser esa necesaria transformación social liderada por el sector privado, pero fundada en la seguridad jurídica que hoy parece esquiva, pero que debemos con toda urgencia encontrar para que de una vez por todas abramos de par en par las puertas al siglo XXI y con decisión avancemos hacia una región con mejores expectativas que las que hoy nos rodean.
Entendiendo que no somos la capital del país, que no tenemos puerto marítimo ni fluvial, que no tenemos vías férreas y hasta ahora estamos construyendo unas pocas autopistas, que seguimos sumando al desempleo y de la inseguridad, solo nos queda una opción, dar ese primer paso, construir una hoja de ruta en donde desarrollemos una política pública de largo aliento que garantice el compromiso de la ciudad con la ciencia, la tecnología y la innovación, pero desarrollada por privados y siempre de cara a una postura social para la región.



