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Curul por cárcel

Esta columna la dedicaré a hacer una crónica de lo que significó la visita de dos terroristas de las FARC al Congreso de la República, en una actitud desafiante con el país y la democracia; pues estaba claro por parte de las directivas del Congreso, que los narcoguerrilleros no podrían entrar al Capitolio Nacional, sin antes por lo menos haber dejado las armas.

Este vergonzoso episodio de la historia colombiana, es la muestra de lo que le espera al país en muy pocos años o quizá meses, cuando las FARC hagan uso de todo el poder que les entregó el gobierno Santos, a cambio de un premio Nobel de Paz.

La visita de los terroristas de las FARC; alias Jesús Santrich y Andrés París, se produjo cuando la plenaria del senado sesionaba en una audiencia pública para escuchar a cada uno de los tres candidatos a la Corte Constitucional.  

Tanto Santrich como Andrés París, llegaron al Congreso con su escolta personal, algunos de ellos con armas, que dicen tuvieron que dejar en la entrada del recinto; pero lo que más me llama la atención, es que su ingreso se produjo sin la más mínima resistencia o advertencia de la peligrosidad de los dos terroristas, señalados de homicidio, narcotráfico, secuestro y reclutamiento de menores.

Los narcoterroristas, desconociendo y retando la orden de las directivas del Congreso, que prohibieron su ingreso mientras estén en armas, asistieron como cualquier ciudadano, a un evento de homenaje a una exministra.

Pregunté en plenaria de Senado a mis colegas; ¿cómo es posible que permitan que la narcoguerrilla de las FARC ingrese al recinto de la democracia sin mayor resistencia que la de una puerta que les abrieron, como si se tratara de los más importantes personajes?

Hay que recordar que la guerrilla FARC, no ha entregado las armas, no ha entregado a los niños en su poder, no ha entregado los cientos de millones, no ha entregado las rutas del narcotráfico y no ha dado razón por los más de 700 colombianos que están en su poder y de los que no dice una sola palabra.

Las FARC como el país lo pudo evidenciar, ya se sienten parte del sistema parlamentario y por eso ingresaron violando las débiles normas de un Congreso que se escandaliza más porque los llamen a trabajar un lunes, que por la presencia de uno de los grupos reconocidos como terroristas por los Estados Unidos y la Unión Europea, que los pone a la altura de ISIS o Al Qaeda.

Curul por cárcel, eso les entregó el presidente Juan Manuel Santos y los congresistas de la unidad nacional a las FARC, que desde el 2018, tendrán 5 curules en la Cámara de Representantes y 5 en el Senado.

Desde ya los terroristas, sin pagar un día de cárcel por sus múltiples crímenes hacen política con el fusil al hombro, sin que reaccionemos en rechazo a la impunidad que se les da y en defensa del país de nuestros hijos y nietos.

Es un absurdo cuando menos oír a algunos congresistas decir que el Congreso es el recinto de la democracia, mientras callan ante el ingreso de los terroristas que la han ensangrentado.

 

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