ColumnistasJuan Manuel Díaz

Del letrero de la discordia y otras inconformidades

Estoy absolutamente de acuerdo con las incontables críticas generadas recientemente en Ibagué, por cuenta del cambio de color de un letrero ubicado en una de las plazoletas de la ciudad.

De hecho, también manifesté mi inconformismo, en redes sociales, pues además de que los colores de nuestra bandera han ido siendo remplazados por el amarillo y azul al estilo de La Bombonera, la respuesta del gerente de la Gestora Urbana frente a ello, fue insuficiente y parecía carecer de verdad.

En Colombia hace varios años se está viviendo un inconformismo generalizado, y desde luego la capital tolimense no ha sido la excepción. Más aún cuando, la actual administración no ha logrado conectar con el ciudadano de a pie, y hay bastantes promesas de campaña que parecieran haber sido solo retórica, pues no hay avances y el tiempo en Palacio es corto.

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Los escenarios deportivos tienen que salir sí o sí en la administración de Andrés Hurtado, así como el viaducto de la 60 o la Calle 103, o sino de nada servirá aquella unión y armonía entre gobernador y alcalde. La cultura pareciera ir bien con Greiss Cifuentes, pero no la ciudadana, pues cada vez más se nota la ausencia de pedagogía y civismo, las calles se ven sucias, y ni hablar de la seguridad, que, aunque nos han dicho que somos la quinta ciudad más segura del país (todavía no sabemos según quien), los robos son pan de cada día.

Dicho lo anterior, así como también trayendo a colación los dos suicidios ocurridos la semana anterior en la ciudad y en los cuales no se ven campañas efectivas para evitarlos; de sobra hay motivos para estar inconforme.

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Lo que no podemos permitir que pase en Ibagué, es que, aquellas inconformidades que desde luego con gestión y trabajo articulado en equipo se pueden solucionar, se conviertan en el desprestigio del establecimiento y las instituciones, o en la criminalización del Estado como parecieran querer mostrarlo algunos críticos y contradictores del Barretismo, que ya enfilan baterías para sus campañas políticas.

Hoy algunos opositores hablan de clanes, de corruptos, señalan y afirman cosas sin demasiado sustento, y a ellos habría que decirles que para hacer crítica o hacer veeduría, no hace falta mentir, acudir al insulto, o a la ridiculización del ser humano a través de chistes y memes.

Así como Ibagué merece un buen alcalde, también merece una buena oposición, que proponga, estructure proyectos, y sea un canal de diálogo con la administración municipal, no un dedo inquisidor que señala y juzga todo el tiempo.

Hablando de letreros: muy desafortunados las vallas instaladas a las afueras del Parque Deportivo con el nombre del actual mandatario. Ojalá en la Alcaldía se  abandonen los egos, y aprendan un poco más del trabajo y la humildad del gobernador Orozco. Amanecerá y veremos. 

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