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El guión que mamá y papá aprendieron sobre los niños

Estos años de trabajo diario con familias me han permitido ver de primera mano que muy raramente los problemas que experimenta un niño encuentran su origen en el mismo niño, entonces la pregunta inquietante es: ¿si la mayoría de los problemas de  un niño no se originan en el niño, en donde se originan?.

He encontrado que la mayoría de situaciones conflictivas en niños y niñas se originan en las mismas dos causas:

  1. En el guión que mamá y papá aprendieron sobre los niños.

¿Cuál es ese guión o libreto que  millones y millones de padres recitan como una verdad absoluta?.

Nuestra sociedad ha construido todo un discurso en el que se nos recalca a diario que lo “adulto” es lo “verdadero” y lo “niño” es lo inmaduro, lo transitorio, lo débil, lo fantasioso, lo manipulable, lo poco serio, lo rebelde y lo irresponsable.

Este discurso adultocentrico se apoya en una cantidad muy abundante de mentiras que nos cuentan aquello que “los niños son”,  en ese libreto se repite hasta el cansancio que “los niños son mentirosos”, que “los niños son miedosos”, que “los niños son rebeldes”, que “los niños son irresponsables”, que “los niños son egoístas”, que “los niños son caprichosos”.

Ese discurso del niño como algo inferior al adulto se ha convertido en el libreto que a diario recitan millones de padres y madres,  logrando entorpecer la existencia de relaciones honestas y empáticas entre padres e hijos. La empatía y la honestidad en cualquier tipo de relación solo  son posibles entre dos seres que se reconocen y se aceptan mutuamente como personas valiosas, legítimas y completas. Cuando en una relación uno de los dos cree ser el titular de una “superioridad natural” y ve al otro como alguien al que es necesario “gobernar”, la manipulación y la tiranía toman el lugar de la honestidad y la empatía.

El creer que el adulto es un ser más completo que un niño hace que la crianza en vez de ser ese ejercicio cálido, empático, productivo y gozoso, donde está presente la paciencia, el amor, la tolerancia, la ternura, la comprensión y el respeto, se transforme en una técnica implacable de gobierno, cuyo objetivo central es vigilar y castigar para conducir los actos de los niños sin importar los medios, todo vale, ya sea un grito, una amenaza, un golpe o una mentira, y los resultados siempre van a ser los mismo: niños a los que les cuesta integrarse al mundo desde la tranquilidad, la confianza y el respeto, sin temor y sin violencia.

  1. En el desconocimiento sobre la forma en que un niño aprende.

¿Cómo aprende un niño?. Todo lo que llegamos a hacer lo aprendemos haciéndolo, por ello si en la conducta del adulto que comparte  permanentemente con el niño o con la niña está presente la terquedad, éste aprenderá con el tiempo a representar correctamente esa terquedad; si el adulto actúa con generosidad  aprenderá a actuar con generosidad; si se esmera en lo que hace, aprenderá a esmerarse en su vida diaria; de igual forma si el actuar y el hablar del adulto es grosero el niño o la niña aprenderá a incorporar la grosería a su cotidianeidad y si se comporta de forma agresiva prenderá a comportarse de forma agresiva. Todo lo que los niños  y niñas, hacen, lo hacen porque lo aprenden y lo aprenden porque forma parte de su cotidianeidad. Lo que educa es la participación del niño o la niña alrededor de la conducta que se vive en su entorno. Lo que educa a tu niño o a tu niña es la danza cotidiana de situaciones (más que palabras) entre él o ella y el adulto que le educa. Si un niño se comporta de forma agresiva, significa que ha habitado en un espacio en el que la agresividad es válida. Esto no equivale a afirmar que el educador (papá, mamá o profesor) le diga abiertamente  que es válido ser agresivo, sino que en el espacio en el que se desenvuelve, con todas sus sutilezas, la agresividad es legítima.

Entonces ¿para qué nos sirve a nosotros conocer las dos principales causas de los conflictos que  los padres tienen con sus niños o identifican en sus niños?, nos sirve para algo básico: nos sirve para tener claro lo fundamental que es hacer un trabajo  con papá y mamá, para tener presente lo importante que es que papá y mamá se comprometan en un proceso de re-aprendizaje, pues querer solucionar los problemas de un niño sin modificar la causa que los origina es exactamente igual a intentar apagar un gran incendio poniendo agua únicamente en las heridas de quien se está quemando.  

Sin el compromiso real, efectivo y sostenido de los padres difícilmente se logra un cambio real, efectivo y sostenido en un niño o en una niña.

Te invito a leer más sobre educación emocional y crianza en mi fanpage Psicóloga Mónica Triana y en mi sitio web monicatriana.com, un abrazo al corazón.

MÓNICA TRIANA.

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