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¿Hasta cuándo tanta burla?

Desde 2012 cuando se supo de los diálogos secretos entre el gobierno Santos y las FARC, los terroristas no paran de burlarse de los colombianos con la mirada y complacencia de sectores políticos y del mismo Ejecutivo, que por encima de la voluntad de los colombianos, ha cumplido cuanta cosa que se le ocurre a los narcoguerrilleros, que desafiantes se presentan ante una sociedad atónita de su suerte.

Las burlas de las FARC empezaron cuando un periodista le preguntó a los terroristas Jesús Santrich e Iván Márquez sobre si repararían a las víctimas y entre risas expresaron: “quizás, quizás, quizás”.

La siguiente burla se presentó cuando todos a una como en Fuenteovejuna, viajaron por el mundo, instalándose en Cuba en los más caros hoteles a cargo de los colombianos para hacer la “paz”, que en sus términos significaba que el gobierno entregaba el poder y ellos dejaban las armas.

Luego vedaría otro sainete, esta vez con la suspensión de las fumigaciones con glifosato, para empezar una erradicación manual y voluntaria, que nos puso como principal productor y exportador de cocaína en el mundo, alcanzando las 188 mil hectáreas sembradas con coca.

Los diálogos que se desarrollaran por más de 5 años, terminaron con una serie de acuerdos en el tema, agrario, político, económico y toda una reinvención del Estado Social de Derecho que nos dejó la Constituyente de 1991; borrando así con el narcoacuerdo el poder constitucional y la capacidad de sus instituciones.

Cuántas veces escuchamos en alocuciones presidenciales, decir a Santos, que ésta “paz” con las FARC tenía como centro neurálgico a las víctimas, mentira sin igual en la historia, pues se terminó la negociación y aún más de 700 familias se preguntan dónde están sus familiares secuestrados por el terrorismo inclemente de este grupo narcoguerrillero, que resolvió decir que esas víctimas simplemente desaparecieron.

Llegó el 02 de octubre de 2016, Colombia se movilizó y le dijo NO a las FARC y NO a su proceso de conversaciones, pero de manera premeditada, tanto el presidente Santos como los guerrilleros, desconocieron la voz del pueblo en las urnas e impusieron su voluntad con un acuerdo que primero fue de 290 páginas y luego convirtieron de 310 para someter a la sociedad colombiana a sus caprichos.

Una enorme burla fue la farsa de la guerrilla con la entrega de los miles de niños en su poder, de los cuáles 86 regresaron a sus hogares de los más de 3 mil.   

Hasta cuándo tanta burla, hasta cuándo… Estos terroristas no tienen límite alguno, ahora salen a presentar el inventario de sus bienes, y cínicamente muestran la relación de escobas, traperos, pocillos, platos, tenedores, cucharas y cuanta inútil cosa tenían y están ahora en desuso.

Qué clase de proceso de paz es éste, donde los victimarios se burlan en la cara de los colombianos, mientras las víctimas lloran la pérdida de sus seres queridos a manos de las FARC.

Aquí para las víctimas una cuchara de palo y un pocillo, para las FARC conciertos multitudinarios, comida, casa, salud y curules en el congreso.

 

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