ColumnistasGustavo Álvarez Gardeazábal

MISION IMPOSIBLE

El sábado pasado la oficina de maquillajes de la verdad oficial cuadró las cifras de muertos en Colombia por culpa del covid 19 para que fueran exactamente 30 mil.

Usando la última de las fórmulas del manejo de la mentira piadosa, acomodaron el numero de muertos de “días anteriores” para que la cifra estruendosa de 30 mil muertos se cuadrada exactamente en ese número y se diera casi que como un logro.

Ni a los de la oficina de maquillaje ni a los libretistas del magazín de televisión de la seis de la tarde ni a ningún titulador de  medios les pareció preocupante que hubiésemos llegado a esa cifra por cuenta de una sola enfermedad que por estos días ha estado saliendo del anonimato contagiando a figuras de la vida nacional, comenzando por la vicepresidente y quien sabe por quien mas. Menos que les va a servir para una campaña publicitaria que aterre a los colombianos y nos haga ver la magnitud de lo que hemos terminado por aceptar como un mal inevitable  al cual hasta se le puede mamar gallo.

Pero como al mismo tiempo, es decir el mismo día, se sobrepasó  de un millón la cifra de infectados que ha ido llevando religiosa pero no verazmente el Ministerio de Salud, el uso o abuso de ambos elementos de terror ni se ha considerado. Pero ahí están. No importa que a cada muerto de covid le endilguen morbilidades anteriores para achacarle la muerte a su diabetes, su obesidad, su presión sanguínea, sus cardiovasculares o su vejez. Lo cierto es que ya se murieron 30 mil personas, como en Armero. Y lo preocupante, que como están las cosas vamos a doblar o triplicar esa cifra antes de junio del año entrante. Y vamos a llegar allá porque nadie asume un liderazgo verídico que valore y promulgue cómo ha sido que el médico Jimeno Rojas y los otros galenos de Cali que han venido trabajando con medicamentos conseguibles y les han evitado la muerte no solo a los 69 viejitos de un ancianato sino a casi 1.000 personas calladamente y, como tal, convenzan a todos los hospitales y médicos de Colombia que lo asuman como un tratamiento a seguir.

Mientras tanto sigue la lluvia de contratos para financiar el covid pero nada que ponen a disposición, y gratuitamente ,de millones de compatriotas los barbijos o tapabocas que salven vidas o que montan un esquema para repartir, también gratuitamente, millones de computadores en todos los hogares donde haya niños telestudiando y menos que se obliga a las dueñas del interneto les susbidia para que faciliten su plan de datos por lo que vale un huevo y que los  de las barriadas puedan conectarse para que sus hijos no pierdan más períodos escolares.

¿Sera que  todo es imposible ?

Gustavo Alvarez Gardeazábal

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