Sit scriptor

Hace poco en medio de las fugaces lecturas que uno realiza a los artículos de la actualidad local, me encontré con esta bella frase «La política debería ser la ciencia de construir felicidad en la comunidad» de William Ospina reconocido escritor tolimense, esta frase identifica en gran medida lo que realmente debe ser el quehacer político en esta nueva era rodeada de escepticismo por el ejercicio de los que se acreditan como tal. Muchas discusiones pueden darse alrededor de las razones por las cuales el ejercicio de la política ha perdido su rumbo, en mi opinión es el mismo diseño del sistema que promueve y facilita la perversión de una profesión que como cualquiera debería llegarse a ella por vocación y no por ocasión.
Es una corresponsabilidad entre el que elige y el elegido que nos ha mantenido en un círculo vicioso que hoy tiene la imagen de la política en un desprestigio sin precedentes, es sinónimo de corrupción, de robo, de mentira, engaño, y muchos más conceptos que no generan sino odio a todo lo que tenga el rotulo de político y ha trascendido a un odio hacia el establecimiento, este fenómeno se acentúa cuando nuestros líderes siguen actuando al estilo del cacicazgo, un estilo caracterizado por el caudillismo, la unilateralidad en la comunicación, y la tenaz oposición a los nuevos liderazgos, en especial aquellos que se atreven a proponer cambios o mejoras en busca de enriquecer el debate y a su vez la mismo forma en que se desarrolla la política.
Un entorno dinámico donde la incertidumbre reina, en donde la evolución es permanente, requiere de líderes que estén formados, preparados y dispuestos a ser el punto de apoyo principal para un sociedad conformada por seres humanos que anhelan encontrar oportunidades para avanzar en la búsqueda de la felicidad, un estilo horizontal, donde siempre se hable y actué como equipo, abierto a la participación de nuevos actores, dispuesto a reconocer en las nuevas propuestas, caras o liderazgos las potencialidades y en donde más que sobrevivir un nombre, sobreviva lo que realmente permanece en el tiempo, las ideas. Generadores de oportunidades, promotores de la esperanza y decididos a una sola imposición, la felicidad sobre la tristeza, es lo que necesita nuestra región.
Un departamento donde a pesar de los conflictos históricos siempre levanta cabeza, donde los principales protagonistas no son los que gobiernan, sino aquellos que emprenden, los que buscan transformar, los que a pesar de la informalidad, de los escasos recursos y tal vez, sin contar a primera mano con mayores ventajas en la competencia, deciden apostarle a la empresa, los empresarios en su inicio, el grande, el mediano, el pequeño, el emprendedor, inclusive aquellos que emprenden ideas con un enfoque social, porque no todo es la utilidad económica, lo que realmente importa es el aporte que se hace a un mundo mejor, a un momento de felicidad para nuestros vecinos, y compañeros en este paseo que se llama vida.
Esta reflexión la comparto con el propósito de decirles que siempre será el momento para que la ciudadanía se empodere de lo que le pertenece, pero que actualmente, se requiere con urgencia que los que le apuestan a liderar, tomen esos espacios para servir en un propósito que a todos nos une: La Felicidad.



