ColumnistasRicardo Cadavid

Una Semana pornográfica

La carátula de la Revista Semana, en la que se muestra al candidato presidencial y senador Gustavo Petro, como incendiario y con unos efectos visuales que lo asemejan a una especie de zombi, propio de esas películas que generan terrores nocturnos, tiene consternado a muchas personas, independiente de su orientación política. Debo decir que me encuentro entre el grupo de personas indignadas.

Al principio pensé que se trataba de una fake news, pero a las pocas horas, ya la imagen le había dado más vueltas a Colombia que “Cochise Rodríguez”. El senador Petro no es santo de mi devoción; incluso leí el editorial de la revista y no me pareció aterrador, pero estoy acostumbrado a que los editoriales y columnas de opinión son una cosa, y los artículos y noticias, son otra. Lo que hizo la Revista Semana con su carátula, no sólo fue una intervención política funesta sino un acto pornográfico que rebaja la importante labor de los comunicadores y el perfil de la revista a su mínima expresión. Recordé las épocas del periódico El Espacio, que debía leerse muy rápido porque al cabo de diez minutos ya se estaban coagulando sus titulares. Cuando vi la imagen del Petro zombi no sabía si salir corriendo a buscar un extintor o echarle sulfadiaziana de plata a la revista para disminuir las cicatrices de las quemaduras del senador, que quedan, precisamente, a la izquierda de su rostro (desde la perspectiva del lector, por supuesto).

En su historia, Semana contó con la participación de periodistas y personalidades de la talla de Alberto Zalamea, Héctor Osuna, Gabriel García Márquez, Fernando Guillén, entre otros. Hoy quedará para la historia, que bajo la dirección de Vicky Dávila, la revista realiza publicaciones pornográficas. La raíz “porné” se traduce como prostituta y “graphein” como “escribir”. Semana, ahora escribe pornografía, y del tipo barato.  Del griego se derivan dos raíces para tan encomiable y antigua labor: la “hetaíra” era la cortesana con ciertos refinamientos, pero la palabra “porné” remite a otro verbo griego; “vender”, en la medida en que la “prostituta” se vende en la calle, como esclava sexual. A ese nivel llegó la publicación de Semana; a un acto pornográfico de venta callejera.

Que los medios de comunicación hayan dejado de ser espacios noticioso para convertirse en entidades políticas, eso no es ninguna novedad. En los Estados Unidos son claros los orígenes políticos de canales de noticias como FOX, CNN o MSNBC. En Colombia también son conocidas las tendencias de grandes periódicos de circulación nacional y regional, y podríamos afirmar que las redes sociales se han convertido en espacios para equilibrar cierta balanza de acceso a la información, también sumamente cargadas de contenidos réprobos desde la otra orilla del espectro ideológico.

En coyunturas como las actuales, es importante que el país y el Congreso, reflexione y legisle sobre la concentración de los medios de comunicación y establezca mecanismos de regulación de la “libertad de expresión”. Pareciera contradictorio y peligroso  “regular” una “libertad”, pero los medios tienen una enorme responsabilidad con la generación de opinión y con la consolidación de ideas en el imaginario de la ciudadanía. Cuando no se regula la concentración de los medios, es muy fácil que prevalezca la promoción de intereses por encima de la veracidad de los contenidos, el privilegio del lucro por sobre la encomiable tarea de servicio público que implica informar, la pluralidad de opiniones  supeditada a la sobre representación  de algunas ideas y narrativas particulares. Urge legislar al respecto, no solo entendiendo la concentración como un tema de poder y de propiedad, sino también contemplando la responsabilidad que atañe a la concentración de audiencias.

Me preocupa que la publicación de Semana, haya logrado su cometido. La toma de decisiones no es un tema racional; es sumamente emocional, y por más que esté indignado, por más que cavile sobre la mal intencionada publicación, cierro los ojos y la imagen del Petro zombi en llamas me persigue, me genera temor, desconfianza y miedo, a sólo seis meses de un año electoral: Señora Vicky Dávila, apreciado conglomerado comercial de la Revista Semana;  quedan en deuda enorme con esta sociedad, con el oficio periodístico y con las prostitutas de los lupanares, que deben estar cansadas de que se vitupere su oficio sin la más mínima consideración.

 

 

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