ColumnistasGustavo Álvarez Gardeazábal

Vecinos Pelietas

Crónica de un enchuspado # 54

El avance de la peste en el Meta y Amazonas. El casi millar de presos contagiados del corona virus 19.La tensión en los hogares donde ya escasea la comida. El malestar que no se puede configurar por la falta de trabajo y de actividades económicas tradicionales, Todo ,y mucho más, ha conseguido que la situación con Venezuela no se destaque ni se pretenda tan siquiera criticar. Como miles de venezolanos huyendo de la peste en Ecuador y Perú y aburridos aquí en Colombia volvieron a llenar carreteras con sus maletas al hombro y a obligar al alcalde de Cali a financiar decenas de buses para llevarlos hasta la frontera. Como todo eso está pasando y aquí nadie se inmuta, las acusaciones virulentas del presidente del país vecino contra los gobernantes colombianos, ni eco se les ha hecho .Pero las cosas están llegando a un punto que pueden llevarnos a lo que menos podríamos tener en estos momentos como fuera un enfrentamiento militar.

Entendemos históricamente que cuando en Venezuela se protege y da cabida a las fuerzas guerrilleras colombianas tanto del ELN como de las antiguas FARC, en nuestro país los gobernantes de Bogotá y los generales de la nación se hagan los de la vista gorda con los campos de entrenamiento de las ilusas fuerzas antichavistas, impulsadas por los nietos de los cubanos de Miami que fracasaron en Bahia Cochinos. Pero que desde ese punto se desconozcan  las acusaciones virulentas de  Maduro contra Duque  por el dizque financiamiento de los presuntos grupos invasores, es entrar en una escalada peligrosa que pese a la peste y al estado de postración económica en que se encuentran los dos países, podría llegar a convertirse de peleas de vecinas bochinchosas en una guerra absurda.

Haber permitido la actuación y financiación en Barranquilla de exgenerales antichavistas y sus compinches. Haberse hecho los cegatones tanto oficiales del Ejército como de la Policía  que rigen en  Atlántico, Magdalena y Guajira  frente a esas actuaciones militaristas y, de repeso, haber permitido por acción u omisión de la Armada que las lanchas de guerra parqueadas en el Vichada en el lado colombiano del rio Meta se fueran arrastradas por la corriente hacia la otra orilla, hace crecer la comedia bufa pero no disminuye la peligrosidad de lo que ocurre.

El panorama empeora más si admitimos que para enfrentar a Venezuela  como vecinos pelietas  tenemos un Ejército fracturado, acusado semanalmente de actuaciones impúdicas Tenemos una Policía cuestionada por las asustadurías desde el Director hasta la patrulla de carreteras. Y, sobre todo, tenemos una armada bellamente uniformada, cuidando unas chatarras que todavía flotan  pero incapaz de amarrar bien unas lanchas en la orilla. Somos Colombia y así y todo seguimos creyendo en que  aquí puede pasar de todo y finalmente no va a pasar nada.

Gustavo Alvarez Gardeazábal

El Porce, Mayo 13 2020

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