ColumnistasCesar Picon

Campo al campo

En el gobierno de Guillermo Alfonso Jaramillo invertimos con especial interés en las poblaciones vulnerables, una de ellas el sector rural.

Teníamos claro que era la oportunidad de abonar al saldo de la gran deuda que tiene la sociedad con sus campesinos y que eso no solo contribuiría a la construcción de paz, sino también a darle un impulso a un sector estratégico para la economía y el abastecimiento alimentario de nuestra ciudad.

Más de 110 mil millones de pesos invertidos en construir y mejorar colegios rurales y polideportivos, abrir 19 puestos de salud, ampliar en más de mil hectáreas el área sembrada, y toda una revolución en términos de obras públicas: 5 centros poblados pavimentados, 4 puentes vehiculares construidos, cerca de 5 mil metros de placa huella, acueductos y alcantarillados, entre otros.

Los habitantes de la zona rural experimentaron un cambio positivo que esperan que continúe con la nueva Administración, por eso la necesidad de reclamar frente a lo proyectado para estos cuatro años en el Plan de Desarrollo “Ibagué Vibra”. No puede ser que no haya quedado una meta específica para la construcción de placa huella siendo esta una de las obras prioritarias para mejorar la competitividad de la economía rural, en la versión preliminar del Plan aparecía una meta de 21 kilómetros -fabuloso-, pero en la última versión desapareció como por arte de magia. La Alcaldía contempló la construcción y/o rehabilitación de 600.000 metros cuadrados de red vial urbana, pero ¿cuántos metros cuadrados hay para los centros poblados rurales?, China Alta, Chucuní, Juntas, Totumo, entre otros, también esperan la pavimentación de sus vías internas.

En el aspecto productivo el Plan contempla un objetivo bien pensado: especializar la producción de varios corregimientos de acuerdo con sus potencialidades. Sin embargo, en las metas proyectadas esa intención se desdibuja porque no contempla proyectos pertinentes como la construcción de centros de acopio, procesamiento, empaque, cadenas de frío o transformación de la producción primaria.

El sector pecuario quedó “como la guayabera”. No aparece el mejoramiento genético en bovinos, ni proyectos de especies menores (ovinos, porcinos, aves); tampoco aparece el apoyo a la piscicultura, renglón del que muchas familias campesinas derivan su sustento.

Por último, a pesar que el primer proyecto de acuerdo aprobado en este cuatrienio fue la institucionalización de la Feria Ibagué Café Festival que debe realizarse cada año, en el Plan no quedó establecida esa meta.

En la actual coyuntura cobra aún más importancia invertir en el campo. El confinamiento por el Covid-19 dejó claro que podían pararse todos los sectores menos el de la producción de alimentos. Los bajos precios del petróleo también obligan a repensar la composición de nuestras exportaciones, la agroindustria tiene allí una gran oportunidad.

El presupuesto destinado para los próximos 4 años en el sector Agricultura y Desarrollo Rural para Ibagué es de 17 mil seiscientos millones, menos de cinco mil millones por año. Seguramente a eso se sumarán inversiones de rubros de salud, educación e infraestructura, pero sin metas específicas que permitan medir el desempeño, por ahora la sensación es que los avances logrados en materia de desarrollo rural integral podrían venirse abajo en los próximos años.

Pulla: a ciertos dirigentes solo les sirven las noticias cuando hablan bien de ellos, pero si les incomodan las desacreditan y hasta las califican de chismes o “fake news”, vaya descaro.

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