ColumnistasGustavo Álvarez Gardeazábal

LA PÉRFIDA ALBION

El bororó montado en Washington ha dejado en un segundo plano los tropezones inauditos del antiguo imperio británico, conducido en esta oportunidad no por la nonagenaria reina Isabel sino por su primer ministro, un obsesivo y compulsivo conservador británico con más perfil de payaso de circo que de cabeza política de la Gran Bretaña y el Reino Unido. Azotadas las islas por el covid de manera inmisericorde, dejaron traslucir las fallas que poseen en el manejo de la seguridad social, pese a que plata toda la vida les ha sobrado.

Gustavo Álvarez Gardeazábal Archives – Don Tamalio

La muerte de miles de ancianos en las casas geriátricas mostro un descuido completamente contrario al puntilloso estilo inglés con el que el mundo entero reconoció siempre a Inglaterra ,pero sobre todo el hecho de que llevan ya diez días en una segunda cuarentena estricta que ha terminado por destortillar ramas completas de la economía tradicional de ese país, tiene a los mismos ingleses que mayoritariamente escogieron al señor Jhonson como su primer ministro y le respaldaron la locura del Brexit y de divorciarse de la Unión Europea al borde de volverse a sentir que su nación si es “la pérfida Albión” de que hablaba Napoleón y que han repetido tantos más en la medida en que sus agonizantes garrotazos imperiales menoscababan sus derechos elementales.

REBELIÓN O CANSANCIO

Es una triste situación para las islas británicas, no por compararles las glorias pasadas de cuando era  el imperio más grande y poderoso hace 150 años, ni mucho menos por recordarles que desde cuando sus habitantes primitivos se opusieron a los romanos o cuando Churchill los encabezó para resistir la bestia hitleriana, siempre tuvieron temple para retroceder, corregir sus equivocaciones y salir finalmente adelante, Es triste porque la peste les ha hecho mucho daño, el Brexit los va a desencuadernar y el aislamiento los alejará más del reintegro al ritmo universal y como pese a lo imperialistas que han sido el mundo les debe gratitud a sus dirigentes que ayudaron a conducirle en momentos aciagos, da pena ver a la otrora pérfida Albión metiéndose más y más en el pantano como las vacas del duque de Gloustecer.

Gustavo Alvarez Gardeazábal

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